JOSELITO EL GALLO, EL TORERO TOTAL

La Caprichosa, la Plaza de Toros de Talavera de la Reina. La coqueta construcción y sus aledaños podría estar en la historia por la fiesta de Las Mondas, ya unida a los astados bravos en tiempo de los romanos, los vetones ya habían dejado muchos registros del toro, pero no. El coso entró en la historia junto a la localidad hace 100 años. El 16 de mayo de 1920 se producía una de las muertes más sorprendentes, increíbles y devastadoras de la historia del toreo. Hace 100 años moría José Gómez Ortega, Joselito El Gallo.


Cuenta José María de Cossio que el 5º toro de la ganadería de la Viuda de Ortega, Bailaor -hijo de la vaca Bailaora-, negro, pequeño, tenía problemas. Era burriciego. Veía bien de lejos pero nada de cerca. El maestro vio los problemas del toro y apartó a su hermano Fernando de la lidia. Trasteando con él el morlaco obedecía más a la voz del genio que a la franela. Tras un lance Joselito se alejó del toro. Al llegar a la distancia en la que éste empezó a ver, se arrancó sin aviso. Joselito desplegó la muleta para vaciar la embestida pero el toro a esa distancia no veía y lo corneó en la pierna izquierda. Al levantarlo y voltearlo el diestro cayó sobre el otro pitón sufriendo la cornada mortal en el vientre.

La consternación que produjo su muerte, las noticias fueron llegando con cuentagotas a distintos sitios de la geografía y sólo podían confirmarse por el telégrafo, fue inmensa. Nadie quería creer que fuera verdad. Guerrita, que llevaba 21 años retirado, exclamó que: “Se acabaron los toros”.

Joselito era el referente principal de la Edad de Oro del toreo, comprendida entre 1912 y 1920. El Gallo cambió el toreo para siempre. No sólo el estilo, sino al propio toro. Fue el creador del toreo contemporáneo, del toreo como hoy lo conocemos. Donde el toro se transforma, por mor de la genética, y las artes taurinas, del decimonónico que no se movía tras sus encuentros con el caballo, al que llegaba con alegría y movimiento a la muleta.

El vasto conocimiento del toro y sus reacciones le vino a Joselito de su amor al campo. Con 9 años ya se puso delante de una becerra a la que dio varios pases para terminar, muy a su pesar, revolcado. No cejó en su empeño y pronto empezó a ser requerido por los ganaderos para tantear a sus reses. Sus dotes para montar a caballo le terminaron de dar el conocimiento que le faltaba. Eduardo Miura dijo de él que parecía parido por una vaca.

Aunque sólo se prodigó en plazas grandes, nunca abandonó el campo. Y en él aconsejó a los ganaderos sobre qué toro necesitaba él y la fiesta. Y en su conocimiento cambió el toreo. Entendiendo el toro desde que salía por el portalón. Recibiéndolo, llevándolo y colocándolo para la suerte de varas. Y tras ello se produjo el cambio. Aquel toro que tras las peleas con los caballos se quedaba cual marmolillo, encontró en su bravura el movimiento. Y Joselito banderilleaba como los ángeles. Y con la franela y el movimiento del estado sacó la quintaesencia de su arte. Toda su faena era movimiento, inventó los pases redondos. O, quizá, era el recurso ante la movilidad de los toros. Pero ahí estaba él para ejecutarlo.

En una de sus encerronas en Madrid, con un año de alternativa, llego a desplegar más de 20 quites distintos. Precisamente fue en Madrid, el 15 de mayo de 1920, en un mano a mano con Juan Belmonte, donde salieron entre pitos y alguna almohadilla. En su enfado rompió el contrato de dos tardes más en la capital. Ello le llevó a Talavera, quería congraciarse con Gregorio Corrochano tras unos problemas que habían tenido, a torear la corrida de la Viuda de Ortega.

“El toro de 5 y el torero de 25” dijo una vez. Y con sus 25 primaveras plenas de dominio, frescura y maravilla lidiadora, Bailaor le quitó la vida a él y al toreo. El torero total, que vivía por y para el toro y el toreo. Quede para el recuerdo y como mínima muestra de su maestría lo que le hizo a Barrabás, un bravísimo ejemplar jijonés, en la encerrona de Madrid en 1914. Era el tercer toro y tras derribar un matar a un caballo salió lanzado para encontrarse con el capote de José. Éste a una mano lo embarcó sin titubear manteniendo la distancia perfecta con los hocicos de Barrabás. Para con un firme pero suave movimiento pasarle, pararle y romperle dejándole quieto y colocado para otro pase, que no era menester dar.

Todo fueron lamentos aquel día de hace 100 años. El primero el suyo pidiendo a Mascarell, su médico de confianza sintiendo la gravedad de la cornada. El de su cuñado Ignacio Sánchez Mejías que le acompañaba y compartía cartel. El de la cuadrilla, el de Talavera, el de Madrid adonde llegaron las primeras noticias a la habitación en la que Belmonte, suspendida la corrida de Madrid por la lluvia jugaba a las cartas. Y así lenta e inexorablemente como recorría el agua de su arte la planicie de su dominio, se propagó la noticia de su muerte. Su muerte vistió de luto a su Virgen, la Esperanza Macarena, a Sevilla y a España entera.

Desde entonces todos los 16 de mayo en todas las corridas que se celebran en España se guarda 1 minuto de silencio. Qué mínimo gesto de respeto al torero total, al torero que cambió el toreo y el toro.

¿Te gustó? Compártelo:

Tags: , , , ,

Comments are closed.