Bendita velocidad que nos mantiene cautivos para darnos la libertad
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PERFIL

Nací en Madrid y con 9 años me estrené en un Rallye RACE de España en un tramo forestal entre Hoyo de Pinares y Cebreros.

Con la F1 en el Jarama en 1974.

Desde muy pronto haciendo radio y colaborando como redactor y fotógrafo en varios medios.

En los 2000 varias colaboraciones, redactor en Grand Prix International, comentarista F1 en COPE y de Motorsport en MARCA TV.

Espero que lo disfruteis.

Charly

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ROZAR LA PERFECCIÓN

Febrero 1st, 2016

El final de las 24 Horas de Daytona fue absolutamente maravilloso. Tenso como pocos, nos dejo varias lecciones que deberían ser aprendidas y grabadas a fuego por todos.

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RALLYE DE MONTECARLO 2016

Enero 27th, 2016

UNA PIEDRA

Kris Meeke planto cara bravamente a Sebastien Ogier hasta que una piedra acabó con su desafío. Fue, sin duda, el protagonista de esta edición del ‘Monte’.

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GLENN FREY

Enero 19th, 2016
EL PERFECCIONISTA
El águila bicéfala de ‘Eagles’ ha perdido una de sus cabezas. La muerte de Glenn Frey nos priva de uno de los mejores compositores, dotado de una dulce voz, de los últimos tiempos.
Quizá sea curioso que un tipo nacido en Detroit, que creció con el sonido Motown a su alrededor, terminara abanderando y puliendo hasta el brillo más cegador el ‘Sonido California’. Llevó aquel sonido de los Byrds o los Flying Burrito Brothers hasta lo más alto del panorama musical norteamericano con Eagles.
Frey empezó con clases de piano a muy temprana edad. Pero con 16 años fue a ver a los Beatles al Olympia Stadium. La fascinación de las guitarras y los gritos fanáticos de las jovencitas le empujaron a cambiar de instrumento. Efectos secundarios de la testosterona adolescente. Se enroló con varias bandas cada vez más al oeste y con Jackson Browne escribió uno de sus temas bandera y que podrían definirle por si mismo. ‘Take it Easy’. De ahí pasó a la banda que el novio de Linda Ronstadt había montado. Sonido country. Allí conoció a la otra cabeza del águila que sería Eagles. Don Henley. Ese huevo fue rápidamente incubado y, cuenta la leyenda, que Frey se inspiró en los Byrds para ponerle el nombre a su grupo.
IMPARABLES
Frey y Henley fueron comparados con Lennon y McCartney y durante 6 años fueron la banda más importante de Estados Unidos. Era inevitable la comparación con los genios de Liverpool. Eagles marcaron el camino y lucharon de tu a tu con transatlántícos como Led Zeppelin o Fleetwood Mac.
Curiosamente su country-rock fue denostado sin rubor y con vehemencia por las fuentes de las que bebieron y de dónde provenían. Los interpretes del country más local veían cno malos ojos la comercialización de sus raíces. Las disputas internas entre Frey y Henley llevaron a la disolución del grupo.
Una de las cosas que peor llevaba Don Henley era el perfeccionismo casi enfermizo de Glenn Frey. Aunque reconociera que el resultado final fuera maravilloso, perfecto, era agotador y le destrozaba los nervios. Frey podía llegar a tirarse tres días casi sin salir del estudio hasta hacer que una palabra en una canción encajara como él quería.
EN SOLITARIO
Glenn Frey continuó en solitario. Pero 15 años después de la separación y a pesar de haber dicho que:’Eagles se reunirá de nuevo cuando el infierno se congele’, todo volvió a su ser. Y así fue. Ese fue el título en una maniobra comercial, o de marketing (vaya usted a saber), del album de regreso. Tenía todo lo que les había definido. Su sonido California, composiciones cuidadas y esa dureza del rock tocado con púa de seda.
Ese perfeccionismo queda perfectamente plasmado en la versión acústica de ‘Hotel California’. Una cuidadísima versión en la que la conjunción de las distintas guitarras nos acaricia hasta el extasis aderezado por las maravillosas voces.
Un tipo que hacía que antes de los conciertos calentaran con ‘Seven Bridges Road’, un tema durísimo vocalmente hablando, queda completamente definido. Desde ese calentamiento en adelante, todo era más fácil. Perfeccionismo desde el calentamiento. ‘Hay estrellas en el cielo del Sur’, comienza diciendo ese temazo. Hoy hay una más. Una perfecta. Una tal Glenn Fret. El Perfeccionista.

EL PERFECCIONISTA

El águila bicéfala de ‘Eagles’ ha perdido una de sus cabezas. La muerte de Glenn Frey nos priva de uno de los mejores compositores, dotado de una dulce voz, de los últimos tiempos.

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MARIA TERESA DE FILIPPIS

Enero 14th, 2016
ORGULLO DE FILIPPIS
Fue la primera mujer en disputar un GP de F1. Allá en 1958, en Spa. Con un coche obsoleto. Pero a Maria Teresa no se le ponía nada por delante. Y, sobre todo, nadie le decía lo que tenía que hacer.
Nacida en el seno de una familia bien acomodada, su padre el Conde De Filippis tenía varias empresas y cableó el sur de Italia, se las apañó siempre para plantar cara a sus tres hermanos. Sobresalió con los caballos hasta que su padre le compró un FIAT 500. Desde ese momento empezó a competir. Y ganando. Tenía 22 años.
Seis años después se había hecho un nombre y se planteó pasarse a los monoplazas. En un mundo de hombres sorprendía su determinación.
ACEPTADA
Fue aceptada con los problemas habituales de cualquier recién llegado. No por ser mujer, si no por ganar a quién ganaba. Los grandes astros, sus ídolos, la acogieron sin el más mínimo problema. Pero los integrantes de la media parrilla hacia atrás, aquellos a los que derrotaba, no la veían con tan buenos ojos. Nada nuevo bajo el sol, seas hombre o mujer.
Maria Teresa estaba en bastante buena forma. Antes de los caballos de los coches, había competido sobre caballos de verdad y desde una temprana edad. Por tanto le era relativamente sencillo mover el volante de aquellas máquinas. Pero un Maserati del 57 en Mónaco no era un turismo.
En las lentas curvas del Principado, Maria Teresa se movía de un lado a otro de su asiento y ladeaba su torso en el intento de mover lo más ágilmente posible el volante. No pudo entrar en la parrilla.
En Spa acabó en 10ª posición y abandono en Oporto y Monza.
EL FIN
De cara a 1959 se alineó con Jean Behra que estaba construyendo un bólido propio. Maria Teresa había sufrido la muerte de Luigi Musso, su pareja más o menos estable, unos meses antes en Reims, y la oferta de Behra era construirle un coche para ella.
Los retrasos hicieron que el coche llegara muy justo a Mónaco. Con unas relaciones de cambio totalmente inadecuadas, muy largas, no pudo meterlo en la parrilla. Los intentos de Hans Herrmann y Wolfgang Von Trips tampoco lo consiguieron. Maria Teresa, como había hecho en Oporto tras reventar su coche contra una farola y montarse en otro alquilado, se dispuso a ir un poco más allá. Stirling Moss la cogió del brazo y la disuadió de intentarlo. Era imposible. Quizá fue la única vez que hizo caso de un consejo ajeno.
Y llego Avus. Allí debía de correr y estaba preparada para ello. Pero una disputa de Behra con Ferrari, golpeó a Romolo Tavoni-el jefe de equipo-, le llevó a ser despedido del equipo italiano. Ella insistió en que Behra debía correr la carrera en su coche. No hubo opción a discutir más. Jean Behra se mató en una de las carreras soportes de Sport-Cars.
Aquello fue suficiente para Maria Teresa que dejó la competición para siempre. ‘Pilotino’, como era conocida,  abandonaba los paddocks tras dejar una huella indeleble de bravura y aptitudes notables.
De Filippis, que llegó a la competición tras ganar una apuesta a sus hermanos – la desafiaron a que no podía ser rápida en un coche-, no escuchó a nadie. Nunca quiso ir a Ferrari porque nadie iba a decirla lo que debía hacer. Ni hizo caso a Fangio cuando éste la dijo que iba demasiado deprisa. Y es que el orgullo de los De Filippis, es mucho orgullo.

ORGULLO DE FILIPPIS

Fue la primera mujer en disputar un GP de F1 allá en 1958, en Spa. Con un coche obsoleto, el Maserati 250F campeón con Fangio. Pero a Maria Teresa no se le ponía nada por delante. Y, sobre todo, nadie le decía lo que tenía que hacer.

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DIDIER PIRONI

Diciembre 31st, 2015
DIDIER y GILLES
Para la gran mayoría del mundo de la F1, Didier Pironi fue un traídor. Se le acusa, injustamente, de ser el causante de la muerte de Gilles Villeneuve. Didier era otro ‘animal’ en la pista que sabía moverse muy bien fuera de ella.
No hacía falta. No tenía ninguna necesidad de arriesgar aquel sábado por la mañana en Hockenheim en 1982. Pero sin embargo Didier Pironi no podía huir del fantasma del que fuera su compañero de equipo. Le miraban mal algunos de sus compañeros en el paddock, parte del mundo de la F1. Podía sentir en ellos la misma reacción de rabia e incredulidad que había tenido Gilles tras robarle la victoria en Imola.
Consciente o inconscientemente salía a la pista teniendo que demostrar algo. Y no era así. Él era así.
PRIMEROS PASOS
Fue su hermano mayor el que le inoculó el veneno de las carreras de coches. Procedentes de una familia más que acomodada, no tenían problemas para acceder a la competición. Su hermano ganó el Volante Shell tras acudir a la Winfield Racing School en 1969. Didier tenía 15 años y vio a su hermano ganar. Con 18, y protegido por Elf, fue él el que ganó. El premio: Un volante para la Fórmula Renault de 1973.
Ambos hermanos siempre estuvieron muy unidos, a pesar de los 8 años de diferencia entre ellos, y corrieron un sinfín de aventuras absolutamente peligrosas de manera inconsciente. Con decir que intentaron cruzar el Atlántico en una avioneta que se quedó sin combustible, está dicho todo. Afortunadamente en su camino se cruzó Groenlandia a la que llegaron con los vapores del depósito. Ese espíritu aventurero y desafiante caló en el joven Didier. Nunca se le pondría nada por delante. Aquel año 72, en la final en Paul Ricard, no mostró el más mínimo síntoma de debilidad o nervios. Era el más joven de la camada y les pasó por encima.
AL LÍMITE
Siempre llevó todo lo que hizo, y más en la pista, al límite de sus habilidades. Dos años después ganó el título en la Fórmula Renault, otros dos años y cayó la Super Fórmula y en 1977 acabó tercero en su debut en la F2. Pero ese año tuvo la actuación que le llevó a ponerse en el mercado de la F1. Mónaco. F3.
Una muestra de sus capacidades. Era la carrera en la que había que brillar. Era su primera vez en Mónaco y en un F3. Había que hacerlo bien y lo hizo. Ken Tyrrell llamó a su puerta y la F1 se abrió para él en 1978. Los lazos del ‘garajista’ británico con Elf hicieron el resto.
Tyrrell por entonces ya estaba en la cuesta abajo y aunque brilló en Mónaco y Alemania con sendos 5º puestos, el 008 no daba para más. Era su debut, no obstante, y con un compañero correoso y rápido como Depailler. Pero de nuevo el momento, la ocasión. Las 24 Horas de Le Mans. Tras dos derrotas consecutivas ante los Porsche 936, era casi la última oportunidad para Renault de ganar la carrera de carreras. No menos de 4 unidades del A442 tomaron la salida. Acompañado de Jean Pierre Jaussad, Didier Pironi se llevó la victoria dejando a Renault a tope para afrontar su primera época en la F1. De hecho la casa francesa le quiso fichar para su equipo en 1979 pero Tyrrell hizo valer su contrato y no le permitió irse.
El 009 mejoró un poco a predecesor y Pironi subió al podio en Bélgica, Zolder fue un circuito clave en todos los aspectos en su carrera, y Estados Unidos. Pero en general no le permitió capitalizar sus habilidades.
CONVULSO
Partió a Ligier en 1980. Allí le esperaba el precioso JS11/15. Desde el primer momento el monoplaza respondió a lo que le pedía, y Didier recibió la recompensa al desplegar su potencial. Fue más rápido que Jacques Lafite ya desde Interlagos. Y allí en Brasil llamó la atención de Enzo Ferrari. ‘Cuenta la leyenda’ que Ferrari se quedó impresionado con el control del francés en las curvas del trazado brasileño. A la llegada de la F1 a Europa, firmaba con la marca italiana por dos temporadas. Entre medias quedó una victoria de cabo a rabo en Bélgica, otra vez Zolder, un 2º puesto en Paul Ricard y tres terceros, uno a ley en Kyalami y dos al final de temporada en Canadá y Estados Unidos.
Didier sabía que llegaba a una Ferrari devota de Villeneuve. Pero donde el canadiense daba todo en la pista, el francés, además, daba todo fuera de ella.
Pironi se iba de vacaciones con Piccinini, Pironi le pedía ser el padrino de uno de sus hijos o en su boda. Mientras Villeneuve lograba dos épicas victorias y un 3º con aquel perro del 126Ck, el primer turbo de Ferrari, y machacaba a su compañero francés,
Didier se trabajaba al ‘entorno. También cuidaba su relación con Gilles. Más bien compartían sus locuras y temeridades. Pero nada más.
TRAICIÓN
Ambos eran unos animales en la pista. Con estilos diferentes. Villeneuve era creativo y espontaneo. Rápido desde el primer metro. Didier era tan temerario como su compañero canadiense pero con un método más ortodoxo. Pero al final ambos eran capaces de pasar a tope por donde nunca se podría creer que fuera posible.
Villeneuve era el niño bonito, el preferido de Ferrari. Pero aunque Enzo sentía devoción por Gilles, Didier, en su mejor faceta política, tenía mejor relación. Era más comunicativo.
1982 comenzó de mala manera en la ‘Scuderia’. La resurrección, vía ausencias, llegó en San Marino. Villeneuve fue superior a Pironi. Pero éste, tras el juego de adelantamientos que se trajeron y las instrucciones desde el muro para que mantuviera posición, le adelantó en la última vuelta robándole la victoria.
15 días después en Zolder, otra vez el trazado belga, Villeneuve perdía la vida. Pironi fue de los primeros en pasar por el lugar del accidente. Había sido más rápido que Gilles en el primer intento en la ‘qualy’. Villeneuve salió con toda la rabia a batir ese tiempo y se encontró con Jochen Mass. Esa temeridad de la que había hecho gala siempre, por una vez le mordió. Ese sabiduría para conocer qué iba a hacer el coche de delante, fuera en un atasco en la ciudad, en una carretera de doble sentido o en la autopista, falló. Eligió la misma parte de la pista que Jochen Mass y voló hacia la eternidad tras golpear al monoplaza del alemán.
Desde ese momento Didier para muchos fue casi un proscrito. Cualquier declaración suya sobre Gilles era contestada. Se le comunicó que no sería bienvenido al funeral en Montreal. Y con toda la presión encima, tres semanas después caló su coche en la salida de Canadá. Mientras los coches pasaban a su lado evitándole, uno no lo hizo. Ricardo Paletti se empotró contra la trasera de su Ferrari perdiendo la vida. Más madera sobre Didier.
Aún así venía de ser 2º en Mónaco y 3º en Detroit. Siempre había tenido claro su objetivo y no dejó que las situaciones le afectaran. En Holanda al volver a Europa, dominó en Zandvoort consiguiendo la 2ª victoria del año y poniéndose en ruta hacia el título mundial.
NO LEVANTAR
Y llegó Hockenheim. El fantasma de Villeneuve seguía presente pero cada vez quedaba más claro que Didier estaba completando una temporada magistral. Y llegamos al punto de partida. No hacía falta. Pero el propio caracter de Pironi, hizo que los desprecios y acusaciones le sacaran su lado más arrogante. La cercanía del título le subió el ego.
Con un segundo de ventaja sobre el resto que había conseguido en la sesión del viernes, las cosas iban viento en popa para el francés. El sábado amaneció con el día cerrado y lluvioso en Hockenheim. Con el agua quedándose en suspensión en el bosque en forma de spray, dificultando más aún la precaria visión en esas condiciones. La previsión era de agua para todo el sábado. La 2ª sesión de clasificación iba a ser méramente testimonial. Para el domingo daban un día seco.
En los libres del sábado por la mañana, Pironi salió a pista. Las condiciones al límite. Cogió a Derek Daly y éste, repentinamente, se fue a la derecha. Esa temeridad y sabiduría que compartía con Villeneuve, le llevó a no levantar y a pensar que Daly le dejaba paso. En realidad el británico echaba su Tyrrell a la derecha porque se encontraba con un Prost que circulaba más lento. Como Villeneuve, Pironi salía volando tras golpear el Renault de su compatriota. Aterrizaba sobre su morro. Las heridas sufridas en sus pies y piernas acabaron con su carrera.
Enzo Ferrari sólo acertaba a decir que el campeonato se había ido. Al día siguiente se abrazaba, llorando como un niño, a todo el mundo en la fábrica cuando Patrick Tambay ganaba la carrera.
Un año después Didier regresaba a Hockenheim. Iba con muletas. Fuera de la vista de cualquiera, fue a la parte de atrás del box de Ferrari y se dejó caer en el cockpit del coche de Arnoux. Apretó los pedales y supo que le quedaba mucho para siquiera intentar volver. Tres años y treinta tres operaciones después, en un test privado con Ligier, tiró la toalla. Pero no dejó la velocidad.
Se enroló en las carreras de lanchas rápidas. Allí, como en la pista, como en la carretera, como en su vida, siguió con su temeridad y su sabiduría. Ahora para determinar qué olas eran peligrosas o no. Al final a ninguna la consideró tal. Amenazaba al controlador del acelerador si levantaba. En 1987, en la isla de Wight, una ola de un pequeño petrolero fue tan impredecible como lo fue Mass para Villeneuve o Daly para él. La motora voló yendo a estrellarse contra el agua quedando boca abajo. Pironi y sus coequipiers murieron ahogados.
Entre sus recuerdos más preciados estaban muchas fotos junto a Villeneuve. Pironi marcó el principio de una F1, ya cambiante, más política, cínica, deshumanizada. Eran amigos, sin duda. Pero en la pista nunca los hay. Sus hijos se llaman, Didier y Gilles.

DIDIER Y GILLES

Para la gran mayoría del mundo de la F1, Didier Pironi fue un traídor. Se le acusa, injustamente, de ser el causante de la muerte de Gilles Villeneuve. Didier era otro ‘animal’ en la pista que sabía moverse muy bien fuera de ella.

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