Bendita velocidad que nos mantiene cautivos para darnos la libertad
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PERFIL

Nací en Madrid y con 9 años me estrené en un Rallye RACE de España en un tramo forestal entre Hoyo de Pinares y Cebreros.

Con la F1 en el Jarama en 1974.

Desde muy pronto haciendo radio y colaborando como redactor y fotógrafo en varios medios.

En los 2000 varias colaboraciones, redactor en Grand Prix International, comentarista F1 en COPE y de Motorsport en MARCA TV.

Espero que lo disfruteis.

Charly

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UN RELEVO PARA LA HISTORIA

Lunes, Agosto 11th, 2008

No sé por qué me enganché a la natación en aquellas madrugadas de Los Ángeles 84. Quizá es por la facilidad que tienen de batir records de un campeonato a otro. O quizá de su parecido con el atletismo. El caso es que no suelo perderme la disciplina en los Juegos.

Aquí en Pekín hay un reto brutal que tiene por protagonista al guaperas de la peli. Michael Phelps. El de Baltimore quiere llevarse a la chica, 8 medallas de oro, y batir así al gran Mark Spitz, protagonista único, terroristas aparte, de Munich.

Pero como en las pelis apareció un malo. Malo malísimo y además bocazas. Condición casi indispensable para el personaje. Atiende al nombre de Alain Bernard, francés para más señas, y amenazó con secuestrar a la chica y devolverla al menos mellada. El protagonista lo tenía difícil pero contaba con la ayuda de los amigos de su panda.

Comenzaba el 4×100 a verdadero saco. Con los australianos dominando con Eamon Sullivan que batió al guaperas de Phelps y rebajó el record de los 100. Los franceses reaccionaron mientras los norteamericanos no cogían la cabeza de la prueba y los australianos se quedaban en agua de nadie.
Alain Bernard, el bocazas, raptaba a la chica de Phelps y entraba primero en la última posta con la princesa a sus lomos. El guaperas de Phelps no podía hacer nada más que escuchar los gritos de su amada.

Entonces apareció el heroe. Jason Lezak. Jason le dijo a su amigo que no se preocupara y se lanzaba al agua para rescatar de las garras del bocazas a la heroína. En el viraje que les ponía con la proa rumbo a la meta la diferencia entre el francés y el norteamericano era enorme.
Entonces el héroe desplegó sus brazos convertidos en hélices de bronce y con unos rapidísimos uno-dos empezó a remontar al villano recuperando a la chica en el mismo baldosín de meta.

Casi cuatro segundos rebajaba el récord, una brutalidad, mientras el guaperas gritaba loco de contento al recuperar a su princesa que había visto perdida.

Ya voy recordando porque me gusta ver la natación. Seguramente que la de hoy, ha sido la mejor carrera de la historia.