Bendita velocidad que nos mantiene cautivos para darnos la libertad
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PERFIL

Nací en Madrid y con 9 años me estrené en un Rallye RACE de España en un tramo forestal entre Hoyo de Pinares y Cebreros.

Con la F1 en el Jarama en 1974.

Desde muy pronto haciendo radio y colaborando como redactor y fotógrafo en varios medios.

En los 2000 varias colaboraciones, redactor en Grand Prix International, comentarista F1 en COPE y de Motorsport en MARCA TV.

Espero que lo disfruteis.

Charly

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Archive for the ‘Rugby’ Category

CAMBIOS Y PROBLEMAS

Jueves, Abril 6th, 2017
CAMBIOS Y PROBLEMAS
Fútbol, rugby, baloncesto, golf. Cuatro deportes mayoritarios que están viendo sus dinámicas modificadas por el físico. Algunos han ido intentando adaptarse a los nuevos tiempos, otros están viendo como no pueden quedarse atrás y alguno quisiera volver atrás.
Vaya por delante que esta reflexión es sobre el golf. Pero en la raiz de su problema, está el mismo fáctor que modifica y actua sobre el resto. El físico.
Más rápido, más alto, más fuertes. ‘Citius, altius, fortius’. El Barón de Coubertain recitó el lema latino, ideado por un dominico amigo suyo, en la inauguración de los primeros juegos olímpicos de la era moderna en 1896 en Atenas. Luego sería el lema de los tristemente famosos juegos del 72 en Munich.
Los humanos, efectivamente, hemos hecho un buen caso al lema y ciertamente hay una evolución general que nos ha llevado a tener más altura, ser más rápidos y más fuertes. Y si hay cierto cuidado y trabajo del cuerpo, todo eso se traduce en verdaderas moles casi perfectamente delineadas por los más de 600 músculos que conforman el cuerpo humano.
No es menos cierto que en general, algunos o los más, también somos más gordos, pero eso no es lo que nos ocupa ahora.
FÍSICO
En el fútbol, deporte en que los jugadores sobrepasan en general los 10 kilómetros recorridos por partido. Salpicados con aceleraciones, choques, saltos, frenazos, etc, la preparación física se ha tornado clave en las últimas décadas. Los jugadores más habilidosos han tenido que irse adaptando a esto. Antes perdían chispa al ser musculados. Ahora, con un cuidado del cuerpo desde tempranas edades, la chispa viene de serie apoyada en físicos potentes. No hay más que ver el ritmo medio de un partido hace 25-30 años con lo que vemos hoy en día. En general se traduce en más velocidad e intensidad. De los propios jugadores, de la velocidad con la que se desplaza el balón, balón que ha ido evolucionando a más ligero, y que hace más difícil para el árbitro y sus asistentes discernir las jugadas.
Esa velocidad de juego hace casi imposible poder dirimir uno de los aspectos más importantes del juego. El fuera de juego. De ahí que sea recalcitrante y muy impertinente la posición que han tenido los organismos que rigen el deporte rey, a la hora de incluir la tecnología para revisar las jugadas.
Baste decir que todo el empeño se pone en vigilar los llamados ‘goles fantasma’ cuando porcentualmente son ínfimos frente a muchas jugadas al límite por el fuera de juego.
Y ya que tenemos esa tecnología, apliquemosla al juego en general.
El fútbol ya parece haber dado el paso definitivo para la tecnología de video como asistente del árbitro, VAR, y no debería de salirse de ese camino e incluso tiene que seguir profundizando en la misma.
BALONCESTO
Con el baloncesto el factor físico también tiene una influencia demoledora. La evolución del jugador en todos los aspectos es alucinante. Cualquier jugador con dos metros, o algo más, es capaz de manejar la pelota como un buen base. Eso ocurría antes pero en casos contados. Todo lo comentado respecto al fútbol es extrapolable. La presión de las defensas es asfixiante. Los jugadores rotan muchísimo para mantener el ritmo de juego. Sí, las universidades ya jugaban así hace muchos años.
La ayuda del video ya está instaurada desde hace tiempo y se revisan jugadas polémicas. Es más fácil poder parar un partido porque en sí, el baloncesto ya tiene esas pausas. Cambios, tiempos muertos, los tiros libres. Pero con jugadores más altos, más fuertes y más rápidos, las canchas se quedan pequeñas. Al contrario que el fútbol, uno de los deportes más inamovibles en cuanto reglas, el baloncesto sí ha ido evolucionando. Pero siguen quedando cosas por hacer. En realidad siempre hay cosas por hacer y mejorar. ¿Canchas más grandes? ¿Línea de 4 puntos?
RUGBY
El sacrosanto rugby también ha vivido una transformación enorme en los últimos tiempos. En una alineación se distinguían perfectamente los jugadores de cada línea. Hoy en día salvo los primeras líneas, y esto con pinzas, es difícil diferenciar físicamente a un segunda línea de un tercera. Los alas, antaño jugadores rápidos apoyados en pesos livianos, han sido sustituidos por moles de más de 1,90 y 90 kilos o más de peso que arrasan con lo que se ponga delante a velocidades casi supersónicas…salvo que sea un homólogo el que se interpone.
En ese caso el choque de trenes es brutal y, sobre todo, muy peligroso. Ahí tiene el rugby una patata caliente muy complicada de pelar. Obviamente no se puede limitar el tipo de jugador, por lo que la prioridad es protegerle. Sí, sancionar con dureza corbatas, placajes a destiempo etcétera, es primordial. Pero aún así, jugando correctamente, el choque de trenes sigue existiendo. ¿Qué deben de hacer los organismos que rigen el rugby? ¿Protecciones para los jugadores? ¿Evolucionando a las que se usan en el fútbol americano?
El uso del video arbitraje lleva mucho tiempo aplicado. Y se buscó más espectacularidad buscando el juego más abierto. ¿Quizá hay que limitar y volver atrás buscando el rugby más clásico? No parece esa una buena solución. Pero el físico aquí empieza a generar peligros preocupantes.
GOLF
Y desembocamos en el golf. Más que nada porque huele a Augusta. Su verde infinito, sus azaleas y demás florecillas que inundan con su aroma cada rincón del campo. Y ese gran torneo, el Masters, que tiene como una de sus peculiaridades entre los grandes cuatro torneos, de ser el único que se celebra siempre en el mismo campo.
El golf vivió un terremoto de escala nueve, como mínimo, con la llegada de Tiger Woods. Tiger hacía todo bien. Pegaba a la bola con su drive y la mandaba más lejos que la media. Manejaba con unas manos y muñecas privilegiadas los hierros. Y leía perfectamente los greenes y sus caídas. Su dominio fue aplastante. Desde que en 1996 se hiciera profesional, lo ha ganado todo. Y varias veces.
Su estilo cambió la cara del golf para siempre. La tecnología también. A la par con la explosión de Tiger, los materiales del golf evolucionaron exponencialmente. Grafito, híbridos y sobre todo las bolas. De golf, claro.
Mi memoria a corto plazo me trae martir y no sé a qué golfista profesional le leí reciéntemente que había estado probando una nueva bola. Creo que era una Titleist. El golfista en cuestión alucinaba porque había ganado unos 15 metros de media pegando a la nueva esfera. Una verdadera burrada, pero que deja muy a las claras como evoluciona la tecnología.
La llegada de Tiger obligó a muchos jugadores a pensarse su swing y el cuidado de su cuerpo. La gran mayoría creyó que para batirle, les iba a hacer falta muscularse para golpear más fuerte a la bola y ganar distancia. Craso error. Consiguieron, sí, esa ganancia de metros, pero no ganaron a Tiger.
Valga un ejemplo. José María Olazabal. Último ganador del Masters, 1999 o año 1 A.T. (1 ano antes de Tiger), antes de la nueva era ‘Tigeriana’. ‘Olie’ como le conocen en el mundo anglosajón, se musculó, ganó metros, pero perdió sensibilidad, perdió precisión con los hierros. Su gran fuerte. No sólo por la musculación, también por los avances tecnológicos reseñados. Y de nuevo aparecen las pelotas. Las de golf.
CONTROL
No soy golfista consumado ni el más mínimo asomo. Pero jugando desde hace 30 años, todavía tenía alguna bola ‘antigua’ por ahí. No hace demasiado con dos de esas bolas antiguas, subrayando que estaban algo deterioradas, hice la prueba con dos bolas de prácticas de las que encontramos en cualquier driving-range. Para no enrollarme. Con un hierro 7, en un momento aceptable de mi juego, de vuelo hacía 125-130 metros con esas bolas de practicas. Al golpear las antiguas, dificilmente llegué a 120. En el campo, con bolas de juego modernas, los 140 de vuelo los alcanzaba. Esto trasladado a los profesionales, provocó una fiebre de alargamiento de los campos atroz.
En el que nos ocupa y es la razón de toda la parrafada anterior, Augusta, así es la evolución de metros del campo por década.
1940: 6218 m.
1950: 6309 m.
1960: 6383 m.
1970: 6383 m.
1980: 6437 m.
1990: 6314 m.
llega Woods
2000: 6387 m.
2010: 6799 m.
Resumiendo: el incremento de metros del campo desde 1940 hasta 2000 es de 169 metros, un par 3. Desde el 2000 a 2010 es de 485 metros, un par 4 largo. Demencial.
Todo para intentar poner coto a los grandes pegadores. Se instauró un corte de rough, algo nunca visto en Augusta, se plantaron árboles. Todo en arás de intentar capar a la nueva ‘raza’. Grandes pegadores favorecidos por el material.
De repente Augusta perdió gran parte de su magia. Aunque suene fuerte, al fin y al cabo los mejores jugadores del mundo están presentes en el torneo, puede ganar cualquiera. Conocer el campo pasó a mejor vida. Y eso me lleva a la peculiaridad y exclusividad de Augusta. Y es que hay cierta estirpe de jugadores que no podrán ganar nunca, o nunca más, en Augusta. Los artistas de los hierros. Los magos del control de la bola. No pueden luchar con los 20-25 metros de deficit con el que se encuentran para tirar a green. Esos metros de diferencia, hacen casi imposible igualar los golpes de aproximación. Los Olazabal, Watson, Langer etc, están condenados a no poder ganar. Sin embargo, si el campo hubiera seguido con una configuración clásica y más lógica, seguirían teniendo opciones. Por mucho que los bombarderos dejaran sus bolas a tiro de chip. enlace
¿Soluciones? Muy complicadas. ¿Se podría prohibir el uso de ciertas bolas o de cierto material? No. Al fin y al cabo estas empresas son parte importante del patrocinio del deporte. ¿Devolver al campo su carácter?  Posiblemente. Pero para ello muchos deberían de entender que una tarjeta con -20 no es ninguna deshonra. La última, y más plausible, es que la meteorología ayude. Aunque eso también va bastante en contra de la idiosincrasia de Augusta. Cuatro días de vientos fuertes cambiarían el panorama. Pero eso tampoco parece factible.
Resignémonos a que la mejora física del ser humano trae aparejado un cambio muy fuerte en los deportes que amamos. Para algunos habrán o están mejorando, para otros, empeoran. Para otros muchos, simplemente cambian.
Y a pesar de todo, Augusta es Augusta. Sus greenes duros con diabólicas caídas, su ‘Amen Corner’ su ‘16′…todo esto se impone a las consideraciones pre y post. Lo mismo pasa cuando el oval se mueve de una mano a otra, el balón de baloncesto vuela hacia la canasta y el de fútbol se recrea con una filigrana antes de besar la red.

CAMBIOS Y PROBLEMAS

Fútbol, rugby, baloncesto, golf. Cuatro deportes mayoritarios que están viendo sus dinámicas modificadas por el físico. Algunos han ido intentando adaptarse a los nuevos tiempos, otros están viendo como no pueden quedarse atrás y alguno quisiera volver atrás.

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JONAH TALI LOMU

Viernes, Noviembre 20th, 2015
SIN IGUAL
Nos dejó Jonah Lomu, el inolvidable 11 de los All Blacks, a los 40 años. El hombre que puso al rugby en órbita y precipitó su profesionalismo.
Si Kirwan o Campese le empezaron a dar otra dimensión al puesto de ala de la línea de tres cuartos, Lomu la redefinió. La tiró abajo y la inventó de nuevo. Como tiró abajo a Mike Catt. Pero eso lo contamos luego. Con su rocoso cuerpo, propulsado por unos muslos asombrosos, que le permitían un juego de pies único y le proporcionaban una potencia descomunal, potencia que además transformaba en una velocidad imparables, Lomu arrasó. Ponerse en su camino sólo podía hacerse por la verguenza torera de cada jugador, profesional no porque no lo eran, o por la locura irracional de la vaca del chiste frente al tren. Chufla, chufla, que como no te apartes tu.
Mike Catt fue de los primeros, o al menos de los más importantes, que sintió lo que le ocurre a un bisonte frente a un tren. El medio de apertura de los All Blacks del 1995, Graeme Bachop, abrió desde una melé espontanea el oval a su izquierda. Fue un mal movimiento a 40 metros de la línea de marca inglesa. Lomu volvió sobre su posición para recuperar el balón, se quitó a Rob Andrew bajando su brazo derecho minimizando el contacto. Aceleró para evitar el placaje de Carling y… quedaba Mike Catt. Éste se puso en medio de la trayectoria del tren. Flexionó sus piernas y echó el cuerpo hacia adelante para placar y derribar a Lomu. El impacto fue brutal. Catt salió rebotado y cayó hacia atrás. Lomu pasó por encima de él literalmente y ensayó. Era su cuarto del partido para terminar de destrozar a los ingleses.
Eran las semifinales de un mundial con una trascendencia, cobertura e importancia incalculables. Se disputaba en Sudafrica, la post-apartheid. Buscando regenerarse ante el mundo. Y con el propio mundo ansioso por comprobar el cambio.
PROFESINALISMO
Aquello exhibición tuvo una repercusión planetaria. Jonah Lomu pasó a ser una estrella mundial. Como en el caso de Cassius Clay, Alí, Lomu trascendió a su deporte.
Antes de eso arrasó en su instituto. Los ojeadores de los Dallas Cowboys le hicieron una oferta cuando jugaba en el Sevens de Nueva Zelanda. Pero un compañero le pidió que jugara un último partido más. A raiz de eso le elegieron para jugar un partido entre las selecciones Norte y Sur de Nueva Zelanda. Trabajaba en un banco y allí recibió la llamada de los All Blacks antes de una gira por Sudáfrica y allí se hizo eterno.
Los Cowboys volvieron al asalto tras el mundial de 1995. Pero Lomu ya era el rugby. Se sacó un juego para la Playstation e, indirectamente, propició la llegada del profesionalismo al sacrosanto deporte amateur por excelencia.
En plena ‘Super League War’ (la lucha por el control del rugby en las antípodas) Rupert Murdoch vió la exhibición de Lomu en el mundial de Sudáfrica. Uno se hace importante con visión de futuro. Y Murdoch comprendió que Lomu debía ser una piedra angular para su proyecto. El rugby se precipitó al profesionalismo cuando el acuerdo se cerró en 700 millones de dólares con la Super Rugby. La presencia de Lomu en los Auckland Blues sería capital para el acuerdo.
ENFERMEDAD
A finales de 1996 se le diagnosticó un grave problema renal. Sus presencias se vieron muy reducidas. En el mundial de 1999 anotó 8 ensayos, que sumados a los 7 de 1995 le dejaron en la lista de records el primero con 15. Pero si Sudáfrica le privó del título en 1995, Francia lo haría en la semifinal de 1999.
Siguió brillando pero a finales de 2002 su enfermedad fue a peor y necesitó un trasplante de riñón. Volvió en 2005, previo permiso de la agencia antidoping mundial porque uno de los medicamentos contra el rechazo  estaba en la lista de sustancias prohibidas, pero las lesiones, hombro y el tobillo en 2006, le llevaron a retirarse en 2007. Ese mismo año ingresó en el Salón de la Fama y jugó varios partidos benéficos.
La mañana del pasado día 18 nos dejaba el más grande jugador que el rugby ha dado. Y aún así, todavía resuena el mensaje de un aficionado tras aquel ensayo mítico ante Inglaterra en 1995: “Recuerden que el rugby es un deporte de equipo. Los 14 jugadores no hacen otra cosa que pasar el oval a Jonah”
Lomu cambio la faz del rugby. Nunca perdió la cabeza y se mantuvo como una pieza más del engranaje del equipo en el que jugaba. No necesitaba de la ‘haka’ para intimidar a sus rivales. Un atleta, jugador, una persona sin igual que traspasó todas las fronteras.

SIN IGUAL

Nos dejó Jonah Lomu, el inolvidable 11 de los All Blacks, a los 40 años. El hombre que puso al rugby en órbita y precipitó su profesionalismo.

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LA IDENTIDAD FRANCESA

Sábado, Octubre 13th, 2007

Con todo lo que está pasando últimamente, no tengo especial predilección por los ingleses. Supongo que me entenderán.
Pero hoy jugaban Francia e Inglaterra la primera semifinal del Mundial de Rugby.
Me he sorprendido a mí mismo saltando con el rápido primer ensayo inglés. ¿Por qué?
La actitud francesa ha sido deplorable en éste Mundial. En los cuartos de final frente a Nueva Zelanda se saltaron a la torera esas normas que hacen del rugby uno de los mejores deportes del mundo. Primero el diseño de su camiseta, en cuanto al color, parece más la escocesa que la “bleu” francesa de toda la vida.
En ese partido el tono tan oscuro francés hacía incompatible que los “All Blacks” pudieran vestir su tradicional zamarra negra. Pero una de esas leyes no escritas del rugby indica que el equipo de casa cambia su camiseta en respeto al visitante.
Francia es la organizadora del Mundial. Alguien ha decidido birlarles su identidad “bleu”. Alguien le ha quitado su mentalidad ganadora y de juego bonito, el famoso “rugby champagne” de aquel inolvidable Mundial del 86, y alguien les ha dejado a los pies de los caballos por esa decisión de no ceder a una regla no escrita.
Ante esto, es normal que mis preferencias se hayan inclinado por Inglaterra. Con sus viejas glorias que han llegado justo a tiempo para poner a la “Pérfida Albión” en otra final.
A veces hay justicia y hoy ha sido uno de esos días.
La tradición es algo que valoro mucho.